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IA

Bibliotecarios estadounidenses promueven talleres para desactivar funciones de inteligencia artificial en dispositivos de consumo

26 de julio de 20264 min de lectura
Bibliotecarios estadounidenses promueven talleres para desactivar funciones de inteligencia artificial en dispositivos de consumo

Qué pasó

Charlie Bailey, bibliotecario de una biblioteca pública en el sur de Filadelfia, ofrece desde hace varios meses un taller de una hora denominado "Cómo evitar la inteligencia artificial", al que asisten alrededor de veinte adultos por sesión. La dinámica consiste en una exposición teórica inicial sobre el funcionamiento de los asistentes conversacionales y otras herramientas de inteligencia artificial orientadas al consumidor, seguida de instrucciones paso a paso proyectadas en pantalla para desactivar funciones específicas en los dispositivos más utilizados del mercado.

Bailey explicó a TechCrunch que la motivación detrás del taller surgió de la frustración generalizada que observa entre los usuarios respecto a la incorporación de estas herramientas en productos que no fueron diseñados originalmente con dicha tecnología. Según el bibliotecario, muchos asistentes llegan al taller aquejados por funciones que se activan sin consentimiento explícito, como resúmenes automáticos de correos electrónicos o sugerencias de redacción en aplicaciones de mensajería.

El concepto original fue desarrollado por Hannah Cyrus, bibliotecaria de la Biblioteca Pública de Bangor, en el estado de Maine. Cyrus publicó un artículo académico en una revista especializada describiendo su metodología, lo que generó una reacción sin precedentes: decenas de bibliotecarios de distintas latitudes se contactaron con ella solicitando sus materiales y orientaciones para replicar la iniciativa. Cyrus señaló que sus cursos habituales de introducción a la computación convocan a una docena de asistentes, mientras que los talleres sobre inteligencia artificial han desbordado todas las expectativas de convocatoria, al punto de llenar completamente las salas disponibles.

Contexto

El fenómeno se inscribe en un debate más amplio sobre los límites de la adopción tecnológica y el rol de las grandes compañías en la configuración de la experiencia digital de los usuarios. Empresas como Google, Apple y Meta han incorporado funcionalidades de inteligencia artificial generativa de manera progresiva en sus productos, en muchos casos sin ofrecer alternativas claras para quienes prefieren no utilizarlas. Esta estrategia responde a inversiones multimillonarias en infraestructura de cómputo y desarrollo de modelos.

La creciente complejidad de las interfaces y la integración vertical de servicios dificultan que los usuarios promedio puedan identificar y desactivar estas funciones. Para las compañías tecnológicas, la inteligencia artificial representa una apuesta estratégica de enormes dimensiones económicas, lo que ha llevado a directivas ejecutivas como la de Sundar Pichai en Google a priorizar su despliegue masivo en productos de consumo masivo, asumiendo que la fricción regulatoria será menor si la tecnología se presenta como un valor agregado.

En este escenario, los bibliotecarios han asumido un papel educativo que trasciende la alfabetización informacional tradicional. Organizaciones profesionales del sector han comenzado a discutir la necesidad de establecer marcos éticos y de transparencia para la implementación de estas tecnologías, particularmente en lo relativo a la obtención de consentimiento informado por parte de los usuarios antes de activar funciones que procesan sus datos personales.

Impacto para empresas chilenas

En el contexto chileno, el debate sobre la adopción de inteligencia artificial en productos de consumo masivo resulta cada vez más pertinente, en la medida que proveedores globales de tecnología operan en el mercado local sin una regulación específica que obligue a informar al usuario sobre la incorporación de estas funciones. Las empresas chilenas proveedoras de servicios digitales y las plataformas de comercio electrónico enfrentan así el desafío de ofrecer experiencias transparentes frente a una población usuaria que podría reaccionar de manera similar a la observada en Estados Unidos, exigiendo mayor control sobre sus dispositivos.

Para las pequeñas y medianas empresas nacionales, la creciente sensibilidad de los consumidores respecto al uso de inteligencia artificial plantea tanto riesgos como oportunidades. Por un lado, los emprendimientos que incorporen estas herramientas sin una comunicación adecuada podrían enfrentar rechazo o desconfianza por parte de sus clientes. Por otro lado, aquellas organizaciones que adopten un enfoque explícito y opcional podrían diferenciarse en un mercado cada vez más consciente de los aspectos vinculados a la privacidad y al procesamiento de datos.

Asimismo, instituciones educativas, bibliotecas públicas y organismos de defensa del consumidor en Chile podrían evaluar la replicación de estos talleres como una herramienta de alfabetización digital dirigida a adultos mayores y a sectores menos familiarizados con la tecnología, replicando el modelo observado en bibliotecas estadounidenses y adaptándolo a la realidad local.

Qué sigue

La viralización de estos talleres sugiere que el malestar de los usuarios respecto a la adopción de inteligencia artificial podría convertirse en un tema relevante para reguladores y autoridades de protección al consumidor en distintas jurisdicciones. Es probable que en los próximos meses surjan iniciativas similares en otros países, así como debates legislativos sobre el derecho a no utilizar estas tecnologías en productos adquiridos.

En paralelo, las grandes empresas tecnológicas enfrentarán el desafío de equilibrar sus estrategias comerciales de despliegue masivo con la necesidad de respetar la autonomía y privacidad de los usuarios, un aspecto que podría redefinir los estándares de la industria en el mediano plazo y abrir nuevas oportunidades para competidores que ofrezcan alternativas más respetuosas de la voluntad del consumidor.